“Consejos vendo mas para mí, no encuentro”.
Así puedo describir tu visión ante la vida, pregonando en cada momento alguna frase con intención indirecta, tratando de dar valores de moral allá donde fueres, insulsamente creyendo poder mirar al resto por encima del hombro. ¿Acaso así es?
Es curiosa la forma en que rabia he sentido en tantas ocasiones, intentando averiguar qué absurda idea acaparaba tu mente, que te llevaba a escribir esas atrocidades que se ajustaban a aquello que debías aplicar a tu persona.
Un día, de tantos, hablábamos sobre las palabras y su valor. Coincidíamos en opinión o eso parecía, claro. Para más tarde mostrar que no, que no eres mejor que el resto, tan solo uno más de una interminable lista.
Y hasta el silencio es una opinión, la mía en este caso. Opino que nada tengo que decirte, bueno o malo o regular, nada.
¿Tanto te duele eso? Pues más duelen las palabras, aunque esta vida es justa y nada permanece impasible. Ley de la rueda, lo que hoy está arriba mañana estará abajo, por lo que mi turno llegará tarde más o menos, es cuestión de tiempo.
Y si alguna vez pequé de algo, no seré la primera en alzar mi voz pidiendo disculpas, pues si nos detenemos un segundo a reflexionar, veremos que mi fallo no es otro sino el mismo que el tuyo, exactamente el mismo. Por esta razón, quedando algo de humildad y coherencia en mí, jamás me planteé reprocharte nada, porque ante todo consideré que ambos gastábamos de lo mismo, puto orgullo.
Sin embargo, no encuentro otra cosa que tus múltiples ataques de forma cobarde e indirecta, rebajándote a la mentira, la farsa...
Y es que seguramente aún no hayas dado cuenta de ello, pero con cada una de aquellas afirmaciones has abierto la veda, la peor de todas, esa en la que no cabe retorno.
Toda imagen que se alzaba sobre ti no existe ya. Has pasado a ser un mortal como cualquier otro que se mueve por impulsos y se degrada por sus emociones.
En un pasado eché en falta tu presencia, es cierto. Lo cual no significa que te quiera de vuelta en mi vida, pues sé que mis ojos ya no te miran de la misma forma, tú ya no eres él, tú...ya no eres tú.
Y aquí se cierra esta odisea, curtida de tiempo, de vivencias miles, de sentimientos de todo tipo, de imposibles, de puedo y no quiero.
¿Qué más decir? Pues algo que había pronunciado varias veces, pero esta vez no maquilla un “hasta luego”.
Hasta más ver...