Euforia, al oír decir de nuevo ciertas palabras, al mencionar hechos, cosas...insignificantes quizá, pero suficientes para elevarme al tiempo que me derrumban.
Miedo, de subir tan alto, sé que al día siguiente bajaré otra vez, porque son ya muchas veces, ninguna resultó. Voy a precipitarme, ya casi puedo sentir mis pies al filo de este abismo, quiero morir hoy en este rincón de mis memorias, debo soltar cada lágrima de rabia contenida, cada beso que guardé y cada palabra que silencié.
Anhelo, yo anhelo poder sentirlo, saber cómo y cuánto quema, palpar cada ápice de ese aroma, que es perfume único en la inmensidad de mi espacio.
Sostengo en las manos la vasija de mis sueños, ligera a la par que frágil, con garras deslizantes sumergidas en farsas y lamentos, que casi puedo romper pero negándome a ello, su interior tanto contiene...lleva el ser tuyo mismo.
Al igual que un vaivén, se aleja y acerca, así como los días en que la ilusión invadía mis entrañas cuando por cada nimiedad vencía su orgullo propio y se acomodaba en mi diálogo, el cual dulcemente encontraba en cada momento fuera cuál fuese.
Era bello, era perfecto, todo un cuadro repleto de colores, vivos cual alegría, llenos cual sentimiento. No todo fue precioso, no todo, pues aún alcanzo recordar cómo desvanecía mi gloria, decayendo por las dudas, no hubo pena, no hubo...adiós.
¿Por qué? Merezco hoy, aquí, justo dónde vienes a reclamar muestra alguna mía, que seas tú, no yo, que seas tú...
Que yo creía enloquecer, porque no encontré aliento ni en los brazos más queridos. Que me sustenté del calor más amargo, porque rabiaban mis ansias. Que todo perdió, que yo perdí, que tú perdiste, que ya...¿ya qué?...NADA.
Más vale un silencio compartido que una palabra suelta en el aire, cada tramo avanzado en este sendero yace tras mis pasos, son tus promesas atadas en aquella memoria, y ahora soy yo quién deniega mi sentir.
Escucha, escúchame, aunque sea por una vez, aunque no sea mi testimonio de tu agrado, aunque duelan estas dagas en tu costal, pues no serán siquiera comparables a los puñales que se sostienen en mis entretelas.
Apenas quedan fuerzas en mi alma, sin embargo puedo sostenerme ínfimamente para manifestar este último propósito mientras me alejo...Cada día recae y con él, su peso.