Le quería demasiado, y aún así nunca era suficiente. No, para todo lo que yo he recibido a lo largo de este tiempo.
Jamás se trató del chico perfecto, ese que aprueban tus padres y es socialmente aceptado. Iba en contra de todas las reglas, las leyes, no hacía nada de lo correcto. Incluso dudo que me quisiera "bien". Pero me quería. Tanto o más que yo a él.
¿Un gran conquistador? En absoluto. Era el tío más borde, insolente y malsonante que había visto en mi vida. Era políticamente incorrecto. Por todo ello me encantaba como nadie llegó nunca a gustarme. Su sinceridad llegaba a límites insospechados y es por esa razón que en ocasiones tenía la capacidad de tirarme por los suelos, pero también consiguió mostrarme un mundo para mí desconocido con sus verdades más dulces. Regalar el oído no formaba parte de él y eso... me volvía loca.
Ninguna vez, ni una sola me lo dijo. Se negaba a hacerlo, y eso me frustraba y me apasionaba conjuntamente. En sus planes no entraba pronunciar esa dos palabras que yo tanto detestaba, te quiero, expresión que goza de tanta popularidad en la actual sociedad y que en definitiva a mi parecer no dicen absolutamente nada, cumplen la misma función que hola o ¿qué hay?. Es cierto, tenía una personalidad demasiado fuerte como para pertenecer a ese gran grupo de invidividuos que anteriormente ya me expresaron su amor de esta "original manera", seh. Me lo demostraba, cada día. Y yo moría por dentro un poco más cada vez, no en el sentido estricto de la palabra, claro. También se muere cuando un sentimiento tan profundo te desborda, te delata, te desmorona por completo, y te acabas rindiendo a la evidencia, irremediablemente estás amando y no caben dudas, ya que los hechos corren más rápido que tus pensamientos, que tus palabras. Nada queda ya bajo control.
No conocía esta forma de querer, apenas tenía dieciséis años cuando comencé lo que se puede considerar mi primera relación seria. La novatada como yo la llamo cariñosamente, en realidad no sabes qué estás haciendo pero tú ahí sigues. Ha pasado mucho desde entonces, y a los veinte llegó esto, un poco pronto creo. Siento que la situación me ha venido grande, pero ¿quién es experto en esto? Como siempre me voy del tema...
Mucha gente sostiene que si las cosas no se dicen no hay forma posible de saberlas, de conocerlas. Están tan equivocados. Eso es porque toda nuestra vida nos han educado para que hablemos, para que hagamos uso de la palabra, bla bla bla... y qué poquito nos han inculcado el valor de demostrar, de sentir lo que expresamos. Incluída yo, tristemente. A su lado pude aprender muchas cosas, entre ellas esta. Seguramente en tan breve tiempo he hecho mucho más por él de lo que podría haber imaginado, más que por nadie que antes conociera, sencillamente cuando quería darme cuenta ya estaba metida de lleno en esas locuras, que no fueron ni una ni dos. No puedo evitar sonreír al recordarlas, un estruendoso escalofrío se apodera de mí en estos instantes que lo relato.
Conclusión: amor = hechos; palabras = cariño. Esta reflexión o frase es más importante de lo que parece. Al tener dudas sobre tus sentimientos hacia alguien solo debes mirar si has actuado o hablado. Te responderás tú mismo.
Es difícil escribir esto, es duro sabiendo que cuando termine de hacerlo y cierre mi portátil ya no estarás ahí para llevarme a dar una vuelta, cogerme de la mano o ir a nuestro rincón de la ciudad. Porque sencillamente te has ido y contigo se marcharon mis ansias de volar...