Son innumerables los momentos en que me he planteado cambiar. Cambiar la forma de ser, quizá no al completo pero sí algunas cosas de las que soy consciente me restan en mi vida cotidiana, sobre todo, en momentos cruciales.
Acallar los pensamientos, las emociones, lo que sentimos, etc... suele ser síntoma de autoprotección, de no mostrar aquel punto de debilidad por el cual puedan dañarnos de alguna manera. Pero como todo, trae consigo inconvenientes, lastres que se acrecentan con el tiempo y que quedan en la parte represiva del subconsciente.
Lastres que son malos entendidos, ideas equivocadas, concepciones erróneas...y que por haber pasado el momento de aclararlos ya no son sacados a la luz y ahí se mantienen, tapando verdades que ¿quién sabe?, podrían hacernos mucho más felices de lo que ahora somos.
Puedo decir con total certeza que de haber expresado mis deseos internos en tantas y tantas ocaciones, mi situación actual distaría mucho de lo que es, lo que me hace considerar el tema desde un punto de vista más serio si cabe.
A diferencia de otros escritos, este no será un texto más que colgar aquí sencillamente, esto es una intención, un propósito en firme que debí hacerme en su día, pero "nunca es tarde si la dicha es buena", por lo que atrás quedó parte de mi, ese pedazo que me ha causado muchos absurdos quebraderos de cabeza.
Hoy ha tenido lugar el fallecimiento de una persona a la que muchos admiraban y respetaban (dónde me incluyo, por supuesto) un profesor más concretamente hablando, el cual se fue sin más dejando un magnífico recuerdo por su excelente trayectoria tanto personal como profesional. Este trágico suceso ha servido para darme cuenta que estaremos en este mundo dos días mal contados, mañana mismo podríamos ser el siguiente yo o cualquiera de los seres que aprecio y quiero, y no podría vivir con el remordimiento de no haberles dicho cuánto significaban para mi.
Así pues, tengo una larga lista por delante, por eso mismo...¡ya es hora de empezar!.