Algunos días cojo el libro. Le echo un vistazo, lo repaso, ojeo cada página, alguna más detenidamente que otra. Opto por cerrarlo y a saber hasta cuándo.
Siempre lo tengo ahí, resulta útil en momentos que quiero recordar o me apetece revivir cosas. A veces río, otras enfurezco, depende, solo depende de la hoja.
Se trata de un mamotreto lleno, mi realidad, mi vida. Que en pocas ocasiones entiendo y la mayoría no comprendo.
Aprendizaje que se toma solo con tiempo, de las proezas y errores, lecciones ya guardadas que permanecen en la memoria, pero de vez en cuando observas. ¡A saber por qué!.
Me quema y me hiela. Me enreda y me es indiferente al mismo tiempo. No le doy explicación ni pretendo dársela.
Únicamente lo cerré. No me interesada por hoy nada más de lo que pone.