- Cómo ha cambiado todo desde la última vez.
- Así es.
- Es extraño, ni siquiera tú pareces la misma persona.
- Lo sé.
- Finalmente, me has olvidado...
- Lo sé...
Así era su vida constantemente, sus acciones no entendían de consecuencias. Pensó, como otras tantas veces, que podía jugar sin quemarse, hasta que pasó a ser el objeto de su propia timba ególatra.
" Me hirió el amor propio, y si hay algo que no tolero en esta vida es eso. Ciego de ira y sediento de venganza, así me sentía en aquellos, ya muy lejanos, momentos.
Lo juré, me las pagaría. ¿Si pensé en las consecuencias? No, en absoluto. Eso lo hice mucho, muchísimo, bastante tiempo después.
Me limitaba a mantenerme distante y con una agenda excesivamente apretada. Era cierto, estaba demasiado ocupado tratando de mostrarle que no me importaba lo más mínimo. Tirando de la goma, así estuvimos hasta que finalmente le dimos de sí.
¿Qué me llevó a hacer todo lo que hice? Mi cabeza solo podía ir en una dirección, nada tenía ya que perder pues yo no le importaba, eso me demostró, que no había hueco alguno para mí en su vida. Siempre lo he reconocido, los celos me pueden, a una persona así no le son necesarios motivos pues basta con lo que imagina. Esta fue mi perdición total, la que me empujó a una venganza cuya víctima principal sería yo.
Recuerdo bien cuando empecé el juego, ese juego en que yo la jodía y ella se dejaría joder hasta terminar por reaccionar de alguna manera. Pero esa reacción nunca llegó.
Cuando se actúa sin pensar es porque en verdad no se quieren saber las consecuencias, no quise saberlas entonces, ni siquiera ahora. No podía parar, cuanto más daño le hacía, cuanto más otorgaba y sentenciaba, más alimentado se veía mi ego, mi terquedad no permitió darme cuenta que me hundía cada vez más en un hoyo el cual estaba cavando yo mismo. No fui capaz de ver que estaba creando, y para siempre, un antes y un después entre ambos. Era igual a firmar un certificado de defunción, no habría vuelta atrás.
Me ensañé tanto durante tanto tiempo que terminé por olvidar el verdadero motivo que dio origen a todo aquello.
Se decidió a ponerle punto final a mis ataques y sacó de su vida el último resto que de mi persona quedaba. El juego parecía haber terminado y yo al parecer era ganador de una victoria, una puta, jodida y la más amarga de todas las "victorias", si es que así puede ser llamada.
Se hizo su silencio...
Como un cobarde agarré mi venganza como un salvavidas que me ayudaría a olvidar definitivamente toda aquella historia. Quería verlo como una puerta hacia un nuevo y esperanzador futuro.
Seguí mi camino, conformándome con una relación amorosa de estupendas apariencias, una sonrisa siempre en la cara, la pesadez de aparentar lo bien que me iba... Estaba más preocupado de mostrar a todos lo feliz que era más que de serlo realmente.
Pero mi prioridad sobre todas era acallar lo que mi cabeza me repetía y me negaba a escuchar.
Sin darme cuenta el tiempo pasó, hacía ya mucho desde la última palabra que crucé con ella, los días se habían tornado en semanas, las semanas se dejaron caer en múltiples meses, y estos tomaron el oscuro nombre de años. El transcurso del tiempo me dio el revés, el golpe que quizá merecía, no lo sé. Volvió la soledad, a la que tanto temo, pues detrás de esta vienen las reflexiones y las verdades más crudas.
Fui muy absurdo al pensar que después del dolor que aquella mujer me había causado, la rabia, la tristeza y demás sentimientos, no habría nada peor. Me equivoqué. Sí que lo había, el silencio, la angustiosa insonoridad que deja sentir el abandono.
En medio de esa desolación total, absoluta, después de todo, de demasiado, se impuso la voz interna de mi alma para traerme el mensaje que hasta ese instante había estado evitando escuchar: " Ya no está, y lo peor... de mí se ha olvidado... "
- Así es.
- Es extraño, ni siquiera tú pareces la misma persona.
- Lo sé.
- Finalmente, me has olvidado...
- Lo sé...
Así era su vida constantemente, sus acciones no entendían de consecuencias. Pensó, como otras tantas veces, que podía jugar sin quemarse, hasta que pasó a ser el objeto de su propia timba ególatra.
" Me hirió el amor propio, y si hay algo que no tolero en esta vida es eso. Ciego de ira y sediento de venganza, así me sentía en aquellos, ya muy lejanos, momentos.
Lo juré, me las pagaría. ¿Si pensé en las consecuencias? No, en absoluto. Eso lo hice mucho, muchísimo, bastante tiempo después.
Me limitaba a mantenerme distante y con una agenda excesivamente apretada. Era cierto, estaba demasiado ocupado tratando de mostrarle que no me importaba lo más mínimo. Tirando de la goma, así estuvimos hasta que finalmente le dimos de sí.
¿Qué me llevó a hacer todo lo que hice? Mi cabeza solo podía ir en una dirección, nada tenía ya que perder pues yo no le importaba, eso me demostró, que no había hueco alguno para mí en su vida. Siempre lo he reconocido, los celos me pueden, a una persona así no le son necesarios motivos pues basta con lo que imagina. Esta fue mi perdición total, la que me empujó a una venganza cuya víctima principal sería yo.
Recuerdo bien cuando empecé el juego, ese juego en que yo la jodía y ella se dejaría joder hasta terminar por reaccionar de alguna manera. Pero esa reacción nunca llegó.
Cuando se actúa sin pensar es porque en verdad no se quieren saber las consecuencias, no quise saberlas entonces, ni siquiera ahora. No podía parar, cuanto más daño le hacía, cuanto más otorgaba y sentenciaba, más alimentado se veía mi ego, mi terquedad no permitió darme cuenta que me hundía cada vez más en un hoyo el cual estaba cavando yo mismo. No fui capaz de ver que estaba creando, y para siempre, un antes y un después entre ambos. Era igual a firmar un certificado de defunción, no habría vuelta atrás.
Me ensañé tanto durante tanto tiempo que terminé por olvidar el verdadero motivo que dio origen a todo aquello.
Se decidió a ponerle punto final a mis ataques y sacó de su vida el último resto que de mi persona quedaba. El juego parecía haber terminado y yo al parecer era ganador de una victoria, una puta, jodida y la más amarga de todas las "victorias", si es que así puede ser llamada.
Se hizo su silencio...
Como un cobarde agarré mi venganza como un salvavidas que me ayudaría a olvidar definitivamente toda aquella historia. Quería verlo como una puerta hacia un nuevo y esperanzador futuro.
Seguí mi camino, conformándome con una relación amorosa de estupendas apariencias, una sonrisa siempre en la cara, la pesadez de aparentar lo bien que me iba... Estaba más preocupado de mostrar a todos lo feliz que era más que de serlo realmente.
Pero mi prioridad sobre todas era acallar lo que mi cabeza me repetía y me negaba a escuchar.
Sin darme cuenta el tiempo pasó, hacía ya mucho desde la última palabra que crucé con ella, los días se habían tornado en semanas, las semanas se dejaron caer en múltiples meses, y estos tomaron el oscuro nombre de años. El transcurso del tiempo me dio el revés, el golpe que quizá merecía, no lo sé. Volvió la soledad, a la que tanto temo, pues detrás de esta vienen las reflexiones y las verdades más crudas.
Fui muy absurdo al pensar que después del dolor que aquella mujer me había causado, la rabia, la tristeza y demás sentimientos, no habría nada peor. Me equivoqué. Sí que lo había, el silencio, la angustiosa insonoridad que deja sentir el abandono.
En medio de esa desolación total, absoluta, después de todo, de demasiado, se impuso la voz interna de mi alma para traerme el mensaje que hasta ese instante había estado evitando escuchar: " Ya no está, y lo peor... de mí se ha olvidado... "