Siempre me mostré así, bastante reticente a convertir cualquier ocasión en especial por relevante que fuera. Hasta aquel día.
No tenía nada de diferente al resto, llevaba puestos mis cascos, colgaba de mi brazo derecho la mochila donde suelo tener mis cosas e iba leyendo un libro que en aquel momento me dejaba absorta.
- Disculpa, ¿sabes por dónde se va al palacio de Anaya?
Levanté la mirada al tiempo que me quitaba uno de los auriculares. Observé a aquel muchacho que me preguntaba con un español bastante fluido pero sin dejar atrás su acento natal, aunque no llegué a saber de dónde podía provenir.
- Sí, claro. Debes bajar toda esta calle pasando el parque de San Francisco hasta llegar a la Pza. de las Carmelitas y luego hacia arriba. ¿Vas a la facultad de Filología?
- Sí, es que empiezo hoy las clases y ando un poco perdido porque no soy de aquí (decía con un tono entrecortado y sonriente).
- Bueno, sin problema. Yo también estudio en Anaya y justamente voy para allá ahora, así que vamos.
Por el camino fuimos hablando para amenizar así el trayecto. Me contó de dónde venía y lo que estaba estudiando. Recuerdo que yo también le conté un poco acerca de mí, el tiempo que llevaba en Salamanca y las cosas interesantes que podía encontrar en la ciudad. Hasta que llegamos a la facultad.
- Pues parece ser que vamos a ser compañeros- Me dijo mientras sonreía.
- Tanto como compañeros no creo, pero seguro que nos cruzaremos bastante por aquí. Suerte con las clases. Ciao.
Me pareció un chico muy completo, el poco tiempo que hablamos pude ver que tenía las tres grandes cualidades que yo admiro en una persona: cultura, buena conversación y simpático (y físicamente me resultaba muy atractivo).
En aquellos instantes no pude darme cuenta, solo a día de hoy puedo dar el valor que corresponde a todo eso pues es cuando observo todo el camino y veo que nada es casualidad. Un sencillo encuentro fortuito que de la nada aparece, una conversación de no más de diez minutos, una complicidad que se crea mediante unas sencillas palabras. Todo ello a la vez, que ha hecho que te conviertas en lo que eres hoy para mi. ¿Quién me iba a decir que aquel día nuestros caminos se cruzarían de la más recóndita manera?
Por ello la importancia de creer en "algo", por descabellado que parezca. Solía decir que el destino nos tiene deparadas una serie de cosas a lo largo de nuestra vida, pero no llegué a entender esta frase hasta haberla vivido en primera persona.
Porque podríamos habernos conocido de fiesta, por medio de amigos en común, o en una red social como viene siendo lo normal. Pero no, no fue así, porque aunque ese día el mundo se hubiera partido en dos, tú y yo estábamos destinados a encontrarnos, sin más.
Lo que me recuerda a algo que leí hace tiempo "Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos" - Julio Cortázar.
Me agrada, pero me desconcierta. De la misma manera que la suerte te ha traído a mi lado, puede ahora llevarte consigo, pero si hay algo de lo que aún más me convenzo es que mi lucha terminará cuando deje de creer en ti. Ni un día antes.
Nunca me gustó lo simple, lo fácil. Cuando todo es sencillo y perfecto no se ponen a prueba tus capacidades. Es ahora cuando comienza la verdadera batalla y juro que daré hasta el último golpe de pecho, aún sin fuerzas.
Porque tú eres en lo que creo, eres lo que quiero...
http://www.youtube.com/watch?v=krSNPhsnJEw "Losing my religion" Y esta canción me viene perfecta.